Friday, September 26, 2008


DISCURSO PRONUNCIADO POR EL PRESIDENTE DEL CENTRO DE EX ALUMNOS DEL LICEO EDUARDO CON MOTIVO DE LA REUNIÓN DEL RECUERDO DE LOS EGRESADOS EL AÑO 1968..

Señor Director del Liceo Eduardo de la Barra don Roberto Pantoja Toro;
Señores Profesores y ex profesores del Liceo Edo. De la Barra;
Señores Directores del Centro de Ex Alumnos;
Estimados Ex alumnos de la promoción 1968:

En el devenir de nuestra vida, una vez más el Liceo de la calle Colon nos llama como en los lejanos días de estudiantes hace ya CUARENTA AÑOS. Algo hace vibrar nuestros corazones y despierta al joven que sin duda aun llevamos adentro del alma, porque con ese espíritu juvenil dejamos de lado todo el afán de los días de hoy, para compartir los recuerdos del ayer, con los viejos amigos, con las amistades imperecederas de nuestra primera juventud.

El Centro de Ex alumnos y Amigos del Liceo Eduardo de la Barra, les agradece su presencia en el día de hoy, y quiere compartir con Uds. la alegría y la emoción de recordar una vez más ese paso por el viejo y tradicional Liceo de la calle Colón, que hoy ya no existe, ese paso por sus aulas, patios y viejas escaleras de madera, que contemplaron nuestras bromas y supieron de nuestra inquietudes, ilusiones y esperanzas; donde dimos rienda suelta a todas nuestras potencialidades físicas e intelectuales para realizar nuestros sueños, en las livianas y alegres alas de la juventud, partiendo confiados a recorrer los múltiples caminos que nos presentaba el futuro, un futuro que casi sin darnos cuenta ha llegado, porque como dice Mario Benedetti, el futuro viene lento.....pero viene.

Hoy día, cuando degustando el fruto de nuestras vidas de personas adultas, nos paramos a contemplar las flores y las espinas de la senda recorrida, no podemos dejar de valorizar la influencia vital que tuvo en nuestra formación, el paso por el Liceo Eduardo de la Barra; sin exagerar o sublimar los recuerdos, debemos reconocer la orientación valórica de nuestros profesores, maestros de vocación, austeros en su presencia y en su acción. Nuestra educación se desarrollo en ese verdadero crisol social, que era nuestro Liceo, donde además de los contenidos programáticos orientados por el Estado, la educación gratuita y la calidad de ella, permitían acceder conjuntamente a una buena educación a alumnos de diferentes niveles sociales, abriendo paso así a un pluralismo vivencial, a la reflexión de todas las ideas y a un claro sentido humanista y solidario.

Esa posibilidad de acceso a una buena educación pública, fue sin duda una gran ayuda al indispensable esfuerzo familiar de nuestros padres para fijar en nosotros todos aquellos valores que fortalecen y ennoblecen la convivencia humana y que por supuesto, en conjunto con otros esfuerzos sociales, impulsaron una movilidad social que nos ha permitido interactuar en el mundo de hoy, y pasar a ser en la sociedad chilena, con nuestro accionar honesto y nuestro desarrollo intelectual, factores importantes en la formación de nuestras familias, en el desarrollo del país y en la aspiración por construir una sociedad más justa y solidaria.

El espíritu liceano, que pudiéramos llamar el Alma del Liceo, se mantiene el día de hoy en el esfuerzo de sus profesores por entregar, además de contenidos escolásticos de la mejor calidad posible, los valores y espacios necesarios para el desarrollo de una juventud sana física y espiritualmente, con los medios limitados con que cuenta un sistema municipalizado que está sin duda en crisis y para muchos ya fracasado; con numerosos alumnos en situación precaria, producto de la lacerante desigualdad social que ha generado el sistema económico y que aflora de manera irritante en el sistema educacional, dando paso a verdaderos ghetos de riqueza o de pobreza, que hacen evidente la desigualdad de oportunidades, abriendo paso al resentimiento y a la frustración. Nuestro Centro, consciente de estas necesidades cumple el objetivo solidario de prestar ayuda a todos los alumnos de familias necesitadas, cuando así lo solicitan para eso necesitamos recursos que también solicitaremos de Uds porque entendemos que ese es un deber nuestro y una retribución social por la formación gratuita que recibimos en el Liceo.

Los alumnos del Liceo de Hoy, conocen los nuevos problemas que deben enfrentar y aspiran legítimamente a las libertades y oportunidades de la juventud, y como los alumnos de ayer, tienen clara conciencia de sus derechos, responsabilidades y deberes sociales y se han manifestado ya para exigir las soluciones que mejoren la equidad y calidad de su educación. Por eso estamos con ellos y los ayudamos y estimulamos en muchos de sus requerimientos.

Estimados exalumnos de la promoción 1968, como dijo un poeta “sembrada está la senda recorrida con las flores de aquella primavera”, con el recuerdo de aquellas flores y con ese mismo espíritu juvenil de los años pasados y llenos de esperanzas, tomemos juntos con el Centro de Ex Alumnos el compromiso de cooperar con nuestro Liceo que hoy nos ha vuelto a convocar bajo nuestro lema de HONOR , DEBER, UNION

Friday, October 12, 2007


DISCURSO CENA DEL RECUERDO, PRONUNCIADO POR EL EX ALUMNO MOISES CAÑAS.

En primer Lugar deseo agradecer muy sinceramente a aquellos hombres que gracias a su esfuerzo desinteresado y tan loable han hecho posible esta espléndida reunión.

Muy estimados ex compañeros, distinguidas señoras que nos acompañan.

Quien les habla ha tenido la fortuna de conocer a la Madre de éste, nuestro querido Liceo; y cuando se conoce a la Madre se conoce y comprende mejor a su creatura.

Sin duda estamos viviendo en estos instantes un espacio-tiempo diferente de nuestra cotidianidad; se trata de un espacio-tiempo fuerte, lleno de significaciones y de recuerdos notables, es un espacio-tiempo sagrado y digo sagrado pues lo sagrado es todo aquello que tiene para un ser humano una significación trascendente, llena de valores y de principios que fueron la materia prima de nuestra formación de hombres libres, iguales y fraternos; libres de dogmas y de prejuicios que solo nublan la razón y el pensamiento; iguales, pues fuimos formados con los principios republicanos y esencialmente democráticos y fraternos pues nuestros maestros grabaron en nuestra personalidad valores como la solidaridad y la justicia social, pilares fundamentales sobre los cuales se basa la paz social y la tolerancia, tan necesarias para construir un mundo mejor.

Podemos comprender lo que este liceo fue para nosotros solo cuando proyectamos La formación aquí recibida de parte de aquellos ilustres ciudadanos, verdaderos constructores de hombres. Baste sólo mencionar que de cada sexto llegaban a formarse varios profesionales altamente calificados de diversas especialidades gracias a la sólida formación científica-humanista e iluminada por los principios del laicismo que aquí se nos brindó.

Cómo no agradecer la obra constructiva de aquellos maestros de la docencia; sin duda debemos sentirnos privilegiados y agradecidos no sólo por haber estudiado gratuitamente sino además por haber tenido la suerte de que nuestros padres hayan escogido para nosotros este establecimiento.

Quisiera sólo recordar a dos personajes tan queridos, entre tantos otros: el uno un hombre humilde y sencillo que hacía del toque de campana un verdadero ritual de apertura y de cierre de nuestros trabajos liceanos; y aquel otro de gran estatura y corpulencia y que sin siquiera abrir la boca, con su sola presencia era capaz de llamar al orden y a la disciplina férrea a cientos de terribles viriles muchachos.

Pero podríamos preguntarnos porqué este Liceo fue para nosotros lo que realmente ha sido, porqué razón después de 30, 40, 50 o más años nos hemos dado cita el día de hoy con el objeto de recordar nuestra estancia en él.

Probablemente podamos explicarnos en parte esto, si recordamos la figura de aquel Ilustre y Venerable ciudadano cuyo nombre lleva

este Liceo.

Permítanme leer una breve biografía

"Eduardo de la Barra Lastarria, hijo de Don Jose Maria de la Barra y Lopez Villaseñor y de Juana Lastarria y Munizaga nació en la ciudad de Santiago de Chile ,el día 9 de febrero de 1839, en la calel Santo Domingo Nº 79.

La muerte prematura de su madre le obligo a trasladarse a la Serena, donde su abuela materna. A los catorce años viaja a Valparaíso ingresando a los colegios Goldfinch y Blum en donde se impregna de la cultura inglesa y, particularmente, de su rica tradición literaria. Mas tarde, ingresa al Instituto Nacional a estudia derecho, carrera que deja inconclusa para prepararse en matemáticas, titulándose, finalmente como agrimensor.

Fue un hombre polifacético por excelencia, destacándose en el ambiente cultural del Valparaiso de Fines del siglo XIX. Sobresalió entre otras actividades, como polígrafo, escritor, poeta, profesor,lingüista y político.

(cita continúa en siguiente artículo)



Sin embargo, su tarea principal la tuvo en la docencia y su obra maestra fue el Liceo de Valparaíso, que actualmente lleva su nombre. Durante su rectoría aglutino un conjunto de profesores, escritores, poetas, artistas y periodistas, logrando transformar este liceo en uno de los grandes centros culturales de Valparaíso. Una fraternal acogida le brindó a Rubén Darío, al arribar a Valparaíso, siendo éste un poeta pobre y desconocido. Lo estimuló y lo impulso a editar Azul, con prologo suyo. Este libro proyectó al modernismo en el mundo de habla hispana. Entre otras importantes actividades docentes en el año 1878, Eduardo de la Barra, junto a un grupo de personalidades porteñas, creó el Curso de Leyes, que fue el primer antecedente de la futura Escuela de Derecho del Puerto. Se desempeño también como profesor de la cátedra de Historia de la Literatura en el Instituto Nacional (1876), profesor de Matemáticas en la Escuela Militar, Rector del Colegio Nacional del Rosario de Buenos Aires y Visitador de los Colegios y Escuelas Normales de San Luís, Mendoza y San Juan.

Como escritor destacó por su manejo del lenguaje, su vena satírica, su finura en su poesía lírica, en sus leyendas y fabulas, en sus polémicos versos de circunstancia, en sus biografías, en sus traducciones, ensayos sobre literatura métrica y lingüística. Fue un verdadero maestro estudioso y profesional de la métrica, materia en la que llego a ser el mejor experto hispanoamericano de su tiempo.
Su erudición le valió ser nombrado miembro de la Real Academia Española.
Utilizo el seudónimo literario de Rubén Rubí y Martin Tinguiririca.









Entre sus obras litera­rias se destacan: "Poesía líri­ca", "Saludables advertencias a los verdaderos católicos y al clero
político","Francisco
Bilbao ante la sacristía", "El radicalismo en Chile", "El te­niente coronel Fray Luís Beltrán",
"Estudios sobre la cóle­
ra", "Las razas andinas", "Es­tudios sobre versificación castellana", "Rimas chilenas", "Nuevos
estudios sobre versi­
ficación castellana", "Proble­mas de fonética resueltos se­gún un nuevo método", "En­sayos filológicos
america­
nos", "El endecasílabo dactílico", "El problema de Los An­des", "Cuestión de límites", "Cartas de un senador de la
República
", "Restauración de la gesta del Cid", "Sistema acentual castellano", "Crítica filológica, examen y refuta­ción
de algunas teorías de D.
Federico Harisen", "El libro del niño", "Tratado de orto­grafía reformada", "Restauración del
Misterio de los Reyes Magos
", "Literatura arcai­ca", "Estudios críticos", "Las lenguas celto-latinas", "Odas de _Horacio",
"El embruja­
miento alemán", "El cantar de las hijas del Cid", "La crónica rimada de las cosas de Espa­ña", "El poema del Cid
re
construido sobre la base de la antigua gesta", "Espagírica de la lengua castellana", "Pá­ginas escogidas", etc.
Entre sus múltiples desem­
peños hay varios que no pue­den dejar de mencionarse, como son:
Jefe de Sección del
Ministerio de Hacienda (1864-1872), fundador del Cuerpo de Bomberos de Santiago, militante del
Partido Radical, Secretario de la Exposición Internacional (1875), Encar­
gado de Negocios en Uru­guay y delegado
chileno al Congreso Pedagógico de Montevideo (1882), fundador del Circulo de Amigos de las Letras y Miembro
Correspon
diente de la Real Academia Española de la Lengua.
Fallecio en Santiago de Chile, el dia 9 de abril de 1900, a la edad de 61 años.

"El Mercurio" de Valparaí­so, con motivo de su muerte, le dedicó su editorial, donde en parte expresa:
"Fue un
campeón del progreso inte­lectual de Chile y del afianza­miento de los principios de tolerancia y de justicia, que
baja a la tumba llevando sus sienes ceñidas con una rama' de laurel ganada en buena lid.
Sea ella un estímulo para la juventud que se levanta viva como Eduardo de la Barra, que consagrara toda su vida a cuanto
engrandece y dignifica
a la patria".
Justo reconocimiento ciudad
ano, que hoy, a más de cien años de su deceso, recorda­mos como ejemplo de un esti­lo
de vida digno de emular.



Eduardo de la Barra Lastarria, hijo de Don Jose Maria de la Barra y Lopez de Villaseñor y de Juana Lastarria y Munizaga, nació en la ciudad de Santiago de Chile, el día 9 de febrero de 1839, en la calle Santo Domingo Nº 79.
La muerte prematura de su madre le obligó a
trasladarse a la ciudad de La Serena, donde su abue­la materna. A los catorce años viaja a Valparaíso, ingre­sando a los colegios Goldfinch y Bluhm, en donde se impregna de la cultura ingle­sa y, particularmente, de su rica tradición literaria. Más tarde, ingresa al Instituto Na­cional a estudiar Derecho, carrera que deja inconclusa para prepararse en matemáti­cas, titulándose, finalmente, como agrimensor en 1800.

Fue un hombre polifacéti­co por excelencia, destacán­dose en el ambiente cultural del Valparaíso de fines del si­glo XIX. Sobresalió, entre otras actividades, como polí­grafo, periodista, escritor, poeta, traductor, profesor, lingüista y político.

Sin embargo, su tarea prin­cipal la tuvo en la docencia y su obra maestra fue el Liceo de Valparaíso, que actual­mente lleva su nombre. Du­rante su rectoría aglutinó un conjunto de profesores, escri­tores, poetas, artistas y perio­distas, logrando transformar este Liceo en uno de los grandes centros culturales de Valparaíso. Una fraternal aco­gida le brindó a Rubén Darío, al arribar a Valparaíso, siendo éste un poeta pobre y desco­nocido. Lo estimuló y lo im­pulsó a editar "Azul", con prólogo suyo. Este libro pro­yectó al modernismo en el mundo de habla hispana. En­tre otras importantes activida­des docentes en el año 1878, Eduardo de la Barra, junto a un grupo de personalidades porteñas, creó el Curso de Leyes, que fue el primer an­tecedente de la futura Escue­la de Derecho del puerto. Se desempeñó también como profesor de la cátedra de His­toria de la Literatura en el Instituto Nacional (1876), profesor de Matemáticas en la Escuela Militar, Rector del Colegio Nacional del Rosario de Buenos Aires y Visitador de los Colegios y Escuelas Normales de San Luís, Men­doza y San Juan.

Como escritor destacó por su manejo del lenguaje, su estilo, su vena satírica, su fi­nura en su poesía lírica, en sus leyendas y fábulas, en sus polémicos versos de cir­cunstancia, en sus biografías, en sus traducciones, en sus ensayos sobre literatura mé­trica y lingüística. Fue un ver­dadero maestro estudioso y profesional de la métrica, materia en la que llegó a ser el mejor experto hispanoa­mericano de su tiempo. Su erudición le valió ser nombrado miembro de la Real Academia Española.


Utilizó el seudónimo literario de Rubén Rubí y Martín Tinguiririca. Entre sus obras litera­rias se destacan: "Poesía líri­ca", "Saludables advertencias a los verdaderos católicos y al clero político", "Francisco Bilbao ante la sacristía", "El radicalismo en Chile", "El te­niente coronel Fray Luís Beltrán", "Estudios sobre la cóle­ra", "Las razas andinas", "Es­tudios sobre versificación castellana", "Rimas chilenas", "Nuevos estudios sobre versi­ficación castellana", "Proble­mas de fonética resueltos se­gún un nuevo método", "En­sayos filológicos america­nos", "El endecasílabo dactílico", "El problema de Los An­des", "Cuestión de límites", "Cartas de un senador de la República", "Restauración de la gesta del Cid", "Sistema acentual castellano", "Crítica filológica, examen y refuta­ción de algunas teorías de D. Federico Harisen", "El libro del niño", "Tratado de orto­grafía reformada" "Restauración del Misterio de los Reyes Magos", "Literatura arcai­ca", "Estudios críticos", "Las lenguas celto-latinas", "Odas de _Horacio", "El embruja­miento alemán", "El cantar de las hijas del Cid", "La crónica rimada de las cosas de Espa­ña", "El poema_del__Cid reconstruido sobre la base de la antigua gesta", "Espagírica de la lengua castellana", "Pá­ginas escogidas", etc.

Entre sus múltiples desem­peños hay varios que no pue­den dejar de mencionarse, como son: Jefe de Sección del Ministerio de Hacienda (1864-1872), fundador del Cuerpo de Bomberos de Santiago, militante del Partido Radical, Secretario de la Exposición Internacional (1875), Encar­gado de Negocios en Uru­guay y delegado chileno al Congreso Pedagógico de Montevideo (1882), fundador del Circulo de Amigos de las Letras y Miembro Correspondiente de la Real Academia Española de la Lengua.
Fallecio en Santiago de Chile, el dia 9 de abril de 1900, a la edad de 61 años.

"El Mercurio" de Valparaí­so, con motivo de su muerte, le dedicó su editorial, donde en parte expresa: "Fue un campeón del progreso inte­lectual de Chile y del afianza­miento de los principios de tolerancia y de justicia, que baja a la tumba llevando sus sienes ceñidas con una rama' de laurel ganada en buena lid. Sea ella un estímulo para la juventud que se levanta viva como Eduardo de la Barra, que consagrara toda su vida a cuanto engrandece y dignifica a la patria".
Justo reconocimiento ciudad
ano, que hoy, a más de cien años de su deceso, recorda­mos como ejemplo de un esti­lo de vida digno de emular.




-

Tuesday, July 17, 2007

Antonio:
Te adjunto archivo con carta enviada al Mercurio en su oportunidad con motivo del fallecimiento de don Mario (y que no fue publicada), con una reflexión sobre ese acontecimiento y que me gustaría fuera publicada en el Blog, para conocimiento de los ex alumnos.
Atte.
G. Almonacid V


Señor Director:

Ha muerto don Mario Soto Soto, ex profesor de biología y química, ex Rector del Liceo Eduardo de la Barra, y ciudadano benemérito de Valparaíso.
Don Mario llegó a este tradicional Liceo de Valparaíso luego de ganar un concurso el año 1945. Desde su incorporación al Establecimiento se ganó el cariño y el respeto de profesores y alumnos por su rigurosidad profesional, su entrega vocacional y por sus naturales condiciones para ganarse la amistad de sus alumnos, los cuales, junto al profesor exigente, veíamos en él al consejero y al amigo que hacía y aceptaba simpáticas bromas. Sostenía que: “Ser educador implica tener la habilidad para entender el lenguaje de la juventud y ajustarlo a la realidad y a sus posibilidades”.
Don Mario cumplió a plenitud sus funciones de profesor en el área científica del Liceo durante 31 años, hasta llegar a la rectoría del Establecimiento y acogerse a jubilación el año 1976. Pero no terminó aquí su relación con el Liceo. Se incorporó activamente al Centro de Ex Alumnos, lo reagrupó y lo movilizó para cooperar y participar en todas las actividades del Liceo, manteniendo en los ex alumnos el orgullo y el cariño por su Alma Mater. En la vieja casona de la calle Colón, nos decía, “compartimos obligaciones profesores y alumnos, con deberes propios, pero todos unidos para destacar al Liceo en todas sus actividades: literarias, artísticas, culturales, científicas, deportivas; no recordarlas sería un olvido e ingratitud”.
A estas actividades en beneficio del Liceo y de sus actuales alumnos, dedicó más de 25 años de fructífera labor, y nos estimuló en nuestras acciones constituyendo para nuestro Centro un ejemplo de entrega vocacional. Anciano y con su salud ya deteriorada, nos envió un mensaje que tocó el corazón de los viejos alumnos: “En la vida no siempre triunfan los que reciben más ayuda, ni aquellos para quienes la suerte fue más generosa. Triunfan los que saben perseverar, los que no se fatigan al mantener el esfuerzo, los que se proponen llegar a una meta, dominando las adversidades. Hace medio siglo que dejaron las aulas, cantando el himno del adiós, con mucha emoción, con el sonido de la campana, caminando por el patio hasta salir del Liceo, dejando atrás su adolescencia y con ella tantos recuerdos que los acompañan y que hoy florecen con mucha fuerza” ¡¿Te acuerdas liceano?!
El Jueves 24 de Mayo de 2007, con 97 años de edad, don Mario bajó “a la tierra humilde y soleada” como dijo Gabriela Mistral, rodeado del cariño, respeto y admiración de su familia y de sus numerosos ex alumnos, formados con los valores aprendidos del testimonio de esos maestros que como don Mario Soto Soto han servido en ese querido establecimiento de Educación Pública. El Pabellón Nacional y el Estandarte del Liceo Eduardo de la Barra con sus respectivas escoltas, sus autoridades, profesores, una delegación de alumnos y el toque de silencio de un clarín de la banda, le dieron la despedida del Liceo de Hoy.
Don Mario, una parte de nuestra vida también se fue contigo. ¡No te olvidaremos!

Gastón Almonacid Verdejo
Presidente Centro de Ex Alumnos

Liceo Eduardo de la Barra

Saturday, May 26, 2007

CARTA DE DESPEDIDA DE DON MARIO LEIDA POR GASTON ALMONACID


Viña del mar, fecha incierta
Señor Ricardo Ibaceta
Estimado ex alumno de la promoción 1948 del sexto B del liceo Educardo de la Barra
Quero
pedirte que leas estas palabras en el campo santo donde reina la paz y el silencio.
Esto lo hago con el sano proposito, de dar a conocer mi quehacer como profesor y luego como jubilado, habiendo recibido en vida, todos los honores, distinciones, diplomas, certificados, galvanos, etc., y no postmorten como suele ocurrir.
No rompan la tradición de reunirse que yo los acompañare con mi espíritu.

(Discurso de Omar Moraga, a nombre del Centro de Ex-Alumnos y Amigos Del Liceo Eduardo de la Barra)

Valparaíso, 24 de Mayo de 2007.

Comparezco a esta ceremonia en representación del Centro de Ex - Alumnos y Amigos del Liceo Eduardo de La Barra, organismo al cual don Mario dedicó ilimitados esfuerzos para su supervivencia y vigencia.

Quienes tuvimos la suerte de ser primeramente alumnos de don Mario, luego copartícipes en la Directiva del Centro y finalmente sus amigos, no podemos estar ausentes de su despedida del mundo terrenal, adiós que para nosotros solo es físico, por cuanto si bien en lo sucesivo no contaremos con su presencia, en nuestro mundo espiritual su impronta permanecerá indeleble.

Cuando fuimos sus alumnos, en aquellos lejanos años de nuestra adolescencia, la figura de don Mario nos imponía un temor reverencial, que nos obligaba a atender aplicadamente sus explicaciones sobre las combinaciones de los elementos químicos y las fórmulas de los ácidos resultantes, sin tener en ese momento el entendimiento necesario para obtener otras lecciones de mucha mayor relevancia que el maestro nos entregaba subliminalmente. Ya adultos, comprendíamos al fin esas otras lecciones, tan necesarias para enfrentar la vida rigurosamente, con tenacidad, con responsabilidad, con honestidad, valores todos que el profesor sembró soterradamente en nuestros juveniles espíritus, germinando plenamente en nuestra adultez, momento en que la figura del profesor alcanzó la dimensión de maestro.

Por ello insistimos en que la ausencia de don Mario solo será física, ya que en nuestro espíritu su presencia continuará inalterable, por cuanto conforma en el una huella imborrable.

Para nuestro Centro, la presencia de don Mario era un factor aglutinador de ex - liceanos. Su ausencia no puede constituir en un elemento disociador. Por el contrario, su espíritu puede y debe ser en lo sucesivo el horizonte de nuestro actuar, a fin que todos los liceanos que no alcanzaron a conocer a don Mario, reciban desde e! mas allá las lecciones del maestro.

Por lo dicho, no nos podemos despedir de don Mario, sólo nos alejaremos físicamente de él, pero aún cuando esta separación sea sólo material, su ausencia, como dijo el poeta, dejará en nuestros corazones un vacío, que ni toda el agua del río puede volver a llenar.

Gracias.

(Discurso de don Roberto Pantoja, Rector el Liceo Eduardo de la Barra)

Estimados familiares y deudos
Autoridades presentes
Personas que despiden a Don Mario en esta ceremonia
Deseo empezar mis palabras ofreciendo a todas
las personas presentes, mi más sentido pésame ante el deceso de este gran maestro.
Quiero empezar así mis palabras, porque no tengo duda alguna, que Don Mario marcó la ruta y diseñó el sendero por donde transitaron generaciones de alumnos que egresaron de su querido Liceo Eduardo de la Barra.
La trayectoria profesional de Don Mario, es
ampliamente conocida. Aunque, será mucho más valioso, para honrar su memoria, acercarnos a su persona a través del recuerdo que dejó en sus alumnos.
De seguro la mayoría de quienes tuvieron el privilegio de ser acogidos en sus aulas, no se dedicó a las ciencias químicas, disciplina que impartía en el liceo. Pero los rasgos de su personalidad, marcaron de tal forma a los jóvenes, que hicieron de este maestro, una figura inolvidable:
En sus clases era un experto académico, conocía su asignatura profundamente, acompañaba estos amplios saberes con metodologías que acercaban al alumno a las ciencias, con un valor agregado, el de exigir disciplina en la clase y trabajar con altos niveles de excelencia, imprimiendo desde siempre el orgullo de ser riguroso en el quehacer diario y la satisfacción de hacer el trabajo bien hecho.
Durante los años que tuvimos el privilegio de
compartir visiones pedagógicas acerca del liceo, muchas veces nos preguntamos cuáles serían las claves con las cuales Don Mario lograba tanta adhesión entre los jóvenes: Las respuestas se referían siempre a su profunda humanidad. Todo lo humano, le interesaba, lo que producía cercanía con quienes interrelacionaba. Se involucraba en el trato, manifestando interés por las causas, ideas e ideales que tenían sus alumnos, con una envidiable capacidad de escucharlos, verlos, identificarlos y apoyarlos con sensibilidad, a la hora de los problemas que aquejaban a las personas.
Era una persona carismática, acogedora, de comunicación inclusiva, trato sencillo y amable. Su prodigiosa memoria facilitaba la interrelación puesto que recordaba nombres y apellidos de las personas, rasgos de sus personalidades, anécdotas y situaciones que comentaba con humor y detalle, tanto que, al interlocutor no le cabía duda que Don Mario, lo reconocía y sobre todo lo acercaba hacia la zona de intimidad, facilitando el diálogo y creando espacios propios para que el maestro fuera consultado y requerido en su experiencia de vida para clarificar caminos y buscar soluciones.
Se mostraba en su faceta de humanidad, llano y sensible. La vida lo puso en esa extraña disyuntiva de cultivar la faceta humana a través de la pedagogía. El don de la paternidad lo ejerció ampliamente a través de su larga y fructífera existencia, a través de sus alumnos, dando una imagen de padre, de varón sólido y bien formado, con la que improntó a todos quienes tuvieron la suerte de ser sus alumnos, sus docentes y sus pares.
Don Mario fue Rector del Liceo Eduardo de la Barra en momentos difíciles, los que enfrentó con la hidalguía que da tener valores sólidos y ser consecuente con el actuar, lo que le valió el reconocimiento de sus pares, de sus colegas profesores y sobre todo, de sus alumnos que vieron en él una persona confiable, que con su ejemplo de vida , daba testimonio de corrección.
Apreciaba involucrarse con las personas, en todas las colaboraciones que prestaran al Liceo , los apoyaba comprometidamente, operaba como persona que conocía íntegramente lo que sucedía en el liceo porque era un Rector " de medio campo", frase con que trataba de explicar la dedicación personalizada , con que ejerció docencia y rectoría. En realidad gustaba ser uno más de quienes ponían todas sus potencialidades a la gran causa del servicio público en educación, desde el cargo que estuviera.

El que todos los días preguntara con sus estampa característica, era de estatura más alta que el promedio, con ojos que reflejaban vivamente su interés y su destacada inteligencia, "por la Bitácora" retrata el interés por estar no sólo informados de los hechos y sucesos que significaba estar sirviendo en el Liceo su cargo, sino la responsabilidad que ello significaba a la hora de evaluar, supervisar e implementar medidas que proyectaran al liceo por la senda educativa que traía.
Ejerció un liderazgo indiscutible, inteligente, con objetivos claros en la conducción, características que hicieron de él, una persona confiable, con gran credibilidad, motivo por el cual, podía darse el lujo de aglutinar personas en pos de una causa.
¿Cuál fue la causa que escogió Don Mario?
Posesionar al Liceo a través de sus ex alumnos, a quienes convocó, con quienes estuvo siempre presente, con quienes colaboró permitiendo que las vivencias que tuvieron durante su permanencia en el liceo Eduardo de la Barra, fueran experiencias inolvidables y que este Centro de ex-alumnos acompañara con su apoyo efectivo y su presencia a las actuales generaciones, dando continuidad a la educación que impartimos hasta la fecha, bajo el lema valórico de Honor-Deber- Unión-Tanto así que en el año 1999 La Dirección del Liceo, junto con el centro de ex alumnos lo homenajeó en vida, poniendo su nombre al sector de laboratorios científicos , que pasaron a llamarse "Laboratorios de Ciencias .Profesor Mario Soto Soto".
Quiero subrayar, que no pase como detalle: Los laboratorios se llaman "Profesor Mario Soto Soto"
Sin duda esa es la palabra que mejor lo retrata y la que más lo acercó a la gente , que lo recuerda, lo valora y siente su partida.
Para los profesores que hoy ingresan a la docencia, la figura de maestros con esta identificación por la institución en la que ejercen docencia, con esta vocación de servir, con esta sencillez en la cercanía y sobre todo, con una vida ejemplar, es un referente al cual podemos acogernos.
En esta hora que debemos despedirnos de don Mario Soto Soto, podemos decir: No lo olvidaremos, su memoria permanecerá entre nosotros porque tenemos mucho porqué recordarlo. Don Mario la obra continuará por los senderos trazados. Descanse en paz.


MENSAJE DE DESPEDIDA AL INSIGNE PROFESOR MARIO SOTO SOTO (Q.E.P.D) PRONUNCIADO POR DOÑA FRESIA OJEDA OLIVARES

En nombre de la Asociación de Directivos Docentes de Enseñanza Media del Sector Pasivo, traigo nuestra palabra emocionada frente a este gran hombre, amigo y educador de selección, Mario Soto Soto, que hoy deja esta patria terrenal para ir al encuentro del Señor, a ese mundo de luz y de verdad.
En una de nuestras reuniones de esta Asociación Mario nos dijo al hablar de su trayectoria profesional lo siguiente.
Oigámoslo:

“Cursé mis estudios de Humanidades en el Liceo de Hombres de Rancagua, hoy Liceo Oscar Castro; siendo estudiante me incliné siempre por las asignaturas de Biología y Química”.
“Recuerdo que en las vacaciones de verano, preparándome para cursar Sexto Humanidades, vine a Valparaíso, invitado por mí hermano Salustio, Constructor Civíl, a pasar unos días en esta ciudad; en mi deambular diario solía pasar por la vieja casona del Liceo Nº1 de Hombres y me decía para mis adentros “Algún día llegaré a este Liceo como Profesor”. Fue una profecía que con el correr de los años, felizmente se cumplió.”
“Ingresé al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile y sin perder ningún año me recibí de Profesor de Biología y Química en 1935.”
“Mi primer nombramiento fue en el Liceo de Hombres de Temúco, hoy llamado Plablo Neruda. En 1938 fui trasladado al Liceo de Hombres de La Unión con horario completo. Me identifiqué con este Liceo, quería mucho lo que hacía y trabajaba con mucho entusiasmo, hasta los domingos haciendo clases destinadas a la preparación del Bachillerato que, en esos años los alumnos lo rendían en Santiago. En este Liceo mi vocación de Maestro se acentuó. Me transformé en un Profesor muy conocido y estimado en la ciudad de La Unión.”
“El anhelo de venirme al Liceo de Hombres Nº1 de Valparaíso se dió felizmente en 1945 cuando gané concurso con 18 horas que aumentaron rapidamente con la creación de nuevos cursos en este Liceo. Tuve siempre especial preocupación de preparar a mis alumnos para rendir las pruebas de Bachillerato. Estos obtenían siempre buenos resultados.”

“Simultáneamente, con mis clases en el Liceo Nº1 de Hombres fuí Profesor en la Escuela Italiana, en el Colegio Mackay, Saint Margaret, Liceo Nocturno, Profesor fundador del Liceo Pedro Aguirre Cerda, y Profesor fundador del Liceo Juan XXIII.”
“Destaco también que fui Presidente del Centro de Profesores de Biología y Química “Federico Johow”.”
“En 1966 fui nominado Vice Rector interino del Liceo Eduardo de La Barra, cargo que en 1967 lo obtuve en propiedad. En 1970 por jubilación del Director señor Hernándo Albornoz, asumí como Rector interino. En 1971 me correspondió inaugurar el nuevo edificio del Liceo Nº1 de Hombres, acto que presidió, en su cargo de Presidente de la República el señor Salvador Allende Gossen. En esa misma fecha volví a mi cargo de Vice Rector, siendo nombrado Rector el señor Anibal Vivaceta.”
“No he querido referirme al período 1973-1976 fecha en que me acogí a jubilación –agosto 1976-.”
“Sin embargo, pude superar en ese período muchas situaciones conflictivas; jamás me arrepentiré de haber defendido la docencia ejercida por valiosos y prestigiados Profesores que se destacaron en el exterior, dejando en alto la Educación Chilena.”
.....Termino deciendo las únicas palabras que me dicta el corazón: “Bendita sea nuestra Profesión ya ejercida por las dignas e impagables satisfacciones que se viven en el correr de los años ”.....

Mario, nosotros hoy estamos tristes, pero no podemos dejar de aplaudir tu vida de entrega de lo mejor de ti mismo en diversos ámbitos. Ella no se agotó en tu compromiso de docencia; conocimos tu destacada Acción Gremial, supimos de tu infatigable actuar en el Centro de Ex Alumnos del Liceo Eduardo de La Barra haciéndolos sentirse dignos hijos del espíritu de ese plantel educacional que tanto quisiste. También trascendió tu afanosa participación en la Junta de Vecinos de tu Barrio, de la que fuiste su Presidente por varios años.

Vehemencia incansable, firme responsabilidad, vasta generosidad para cumplir todas estas actividades, dándolo todo sin pedir nada a cambio tuvo merecidos reconocimientos:
-
En 1999, siendo Alcalde de la Ilustre Municipalidad de Valparaíso Don Hernan Pinto Miránda, le entregó la condecoración Diego de Almagro que lo designaba “Cuidadano Ilustre de Valparaíso”, galardón que Mario agradeció en un emocionado discurso.
-
La Logia Masónica Independencia le hizo un reconocimiento por su excelencia profesional.

- Igualmente lo han distinguido la Pontificia Universidad Cátolica de Valparaíso y la Universidad de Playa Ancha.

- El Liceo Eduardo de La Barra puso su nombre al Laboratorio de Ciencias y Química.

Para terminar quisiera repetir las palabras que tú,Mario,pronunciaste en una de las últimas sesiones de nuestra Asociación de Directivos Docentes de Enseñanza Media. Sector Pasivo ... “La vida ha sido muy generosa conmigo al permitirme ser Profesor y me enorgullezco de ello. A través de mi labor de Maestro preparé muchos alumnos con mística y con muchos consejos. Recibí impagables agradecimientos y es costumbre recibir Homenajes Post Mortem; yo he tenido el privilegio de recibirlos en vida”...


Sí, Mario, tu los recibes en vida hoy, mañana y siempre; tu valía personal y profesional, tu calidad humana, tu vehemencia para defender tus convicciones son luces vivas y potentes que iluminarán siempre la ruta de muchos jóvenes que conocieron tu ejemplar trayectoria.
Mario, estás y estarás presente siempre ; tu recuerdo es imborrable.

Fresia Ojeda Olivares

Valparaíso, mayo 24 del 2007.-

Sunday, November 05, 2006

Palabras del Presidente del Centro de ex Alumnos del Liceo Eduardo de la Barra con motivo de la denominación del Salón de Actos del establecimiento como “Salón para la Educación y la Cultura, Ex Alumno Salvador Allende Gossens”.
El día 5 de julio recién pasado, dentro de su programa anual de actividades, nuestro centro de ex alumnos del Liceo Eduardo de la Barra, reunió en este mismo salón a los alumnos egresados hace treinta años, en el año 1973. Aquellos alumnos, que tuvieron un egreso traumático, que tuvieron que dejar las aulas sin licenciatura y sin ceremonia alguna, quisieron revivir de alguna manera sus agitados sueños, esperanzas y pasiones juveniles, rindiendo un homenaje al ex Presidente de la República y ex alumno de este Liceo Dr. Salvador Allende Gossens. Este homenaje fue respetuosamente escuchado y valorado por los profesores, alumnos y ex alumnos de hoy, quienes superando cualquier diferencia pasada o presente abrieron paso a un encuentro verdaderamente fraterno al alero cálido y acogedor de nuestro viejo y querido liceo.
Dentro de este marco de reencuentro y con este mismo espíritu pluralista, el centro de exalumnos del Liceo Eduardo de la barra, constituido por hombres formados en este crisol educacional donde se asimilan los valores de la libertad, la tolerancia y la solidaridad, que son valores tan propios de la democracia, se adhiere sin reparos al homenaje que la dirección y la comunidad educacional del Liceo rinde a uno de sus más destacados exalumnos al designar con su nombre este salón destinado a la difusión de la educación y la cultura en nuestra ciudad de Valparaíso, Capital Cultural de Chile y Patrimonio de la Humanidad.
Esta adhesión se fundamenta atendiendo principalmente a los rasgos que adornan la personalidad del ex alumno Salvador Allende Gossens, mas allá de los ideales y proyectos políticos que él sustentara durante su vida, que sin duda fueron y son muy respetables y válidos.Salvador Allende Gossens, fue un alumno destacado del Liceo dentro de su generación,estudioso, buen lector, constaba en la biblioteca del Liceo que superaba con creces la media de lectura de los alumnos de su época, que no era poco. Por algo ingreso a la carrera de medicina obteniendo su título de médico, que en cualquier época es una profesión que requiere capacidad intelectual, espíritu analítico, perseverancia y responsabilidad..
Siendo hijo de familia acomodada, se incorporó a este establecimiento de educación pública donde sin duda recibió el ejemplo de la entrega vocacional y de la austera responsabilidad de nuestros viejos maestros, de su respetuosa tolerancia y buen juicio para encausar las múltiples inquietudes de los adolescentes y para compartir con ellos ideas y utopías por construir un mundo más justo. Aquí compartió la amistad con compañeros de todos los niveles sociales, de distintas posiciones políticas y de cualquier credo religioso.
Estos elementos formativos que se viven en el Liceo más allá de lo escolástico, permiten experimentar al hombre la vivencia de valores que le dan una orientación honesta y un sentido ético a su vida. Tal vez aquí mismo, donde se conocen y se palpan las necesidades y se vive la solidaridad, nacieron las primeras inquietudes de Salvador Allende por reivindicar a las clases más postergadas de la sociedad, inquietudes que lo acompañarían durante toda su vida y que serían el eje central de sus proyectos políticos. Sabemos cómo, con un sentido solidario se integró a los movimientos políticos que aspiraban a cambios radicales en la sociedad para abr ir paso a condiciones de vida más equitativas para las clases trabajadoras y siempre, a través de toda su vida política, como militante, como dirigente y finalmente como líder indiscutido de la izquierda chilena, orientó su acción por las vías democrática s. Se movió dentro de la institucionalidad vigente, siempre respetó sus adversarios y al veredicto de las urnas. Nunca pretendió ni estimuló otras formas de llegar al poder. Trabajó incansablemente durante toda su vida para unir al pueblo detrás de su proyecto político para hacer realidad sus utopías. Sin compartir su posición política, me consta objetivamente, porque soy un hombre de edad informado y comprometido, cómo inició Salvador Allende su camino a La Moneda el año 1952, con un apoyo minoritario. Y cómo desde allí con esfuerzo y compromiso fue abriendo camino y fue conformando una Unidad Popular que lo llevó a la Presidencia de la República el año 1970. El trabajo por la unidad de los pueblos para convencerlos y conducirlos a lograr sociedades más justas y solidarias siempre será una noble y difícil tarea de la persona humana.
Finalmente, cuando el devenir de la historia con sus múltiples y complejas circunstancias, lo puso en la dramática encrucijada de tener que defender casi en la soledad la institucionalidad de la Presidencia de la República, asumió el cumplimiento de su deber concurriendo a ocupar el lugar que le correspondía constitucionalmente en el palacio presidencial, junto con sus más cercanos colaboradores incluyendo a sus hijas. En el lugar en que el pueblo lo había colocado. Y prefirió morir con honor en el cargo de Presidente de la República que el pueblo le había confiado, antes que salvar su vida saliendo del país y entregar el mando de la Nación a quienes constitucionalmente no correspondía.
Por estas consideraciones de hechos objetivos, estimamos que el ex alumno Salvador Allende Gossens ha honrado con su vida los valores más apreciados de nuestro establecimiento. Que como porteño y Presidente de la República no olvidó a su Liceo y nos construyó este nuevo edificio, lo cual valoramos como un aporte a la ciudad y, finalmente por tratarse del ex alumno que llegó a la más alta jerarquía de la Nación y por su consecuencia con la enseñanza y los valores que se destacan en nuestro escudo institucional de Honor, Deber y Unión, constituye un ejemplo para las nuevas generaciones de estudiantes del Liceo y merece que se honre con su nombre este hermoso salón académico, que contribuirá al desarrollo de la educación y cultura de nuestra ciudad.
He dicho.
Gastón Almonacid V.
Presidente
Centro de ex alumnos
Liceo Eduardo de la Barra
Valparaíso, 9 de octubre de 2003